"And in the end, the love you take
is equal to the love you make." (1)
Todavía vuelve a mi memoria aquella lejana clase de griego, cuando uno de los mejores profesores que he tenido, mi entrañable amigo
Oscar Conde, detuvo un momento las declinaciones y habló sobre la importancia de los saludos, de qué manera las despedidas ilustraban una visión genuina de la realidad, porque los griegos saludaban diciendo
xaire (¡alégrate!), mientras que los romanos, en cambio, saturados de guerras y enemigos acechando en cada frontera, decían
salve (¡que estés a salvo!). La revelación me hizo volver la mirada a las lenguas modernas, darme cuenta de que todos los pueblos tienen una manera de despedirse, y esa manera debe reflejar una concepción del mundo y de la existencia. Los ingleses dicen
thank you ya no para agradecer, sino para saludar al despedirse. No piensan que están agradeciendo, pero lo hacen con una fórmula de agradecimiento que ha quedado anclada en la conciencia de esa sociedad. Pienso también en el clásico "hasta luego" español, que delata la certeza de que inevitablemente habrá un "luego", y lo comparo entonces con la antítesis argentina, ese "cuidate" (acentuado en la
a, claro) que es reflejo de una sociedad cada día más insegura. Y no dejo de sorprenderme...
Podríamos multiplicar los ejemplos, pero no es mi intención; esto ha sido apenas una excusa para introducir mi propia despedida del blog y de todos vosotros. Las responsabilidades llegan a veces con mayor elocuencia o mayor urgencia, y nos exigen tiempo y dedicación absolutas. Me gustaría coordinar todas las actividades, pero sé que no podré. Durante un año he dedicado muchas horas al blog, a escribir, a producir, a pensar, a leeros siempre, pero ya no puedo continuar ese ritmo. No podré mantener la regularidad de las publicaciones ni la lectura de vuestros trabajos; no podré cumplir con la atención que vuestro talento exige y merece, por eso he optado por dar un paso al costado, porque no quisiera faltaros el respeto estando sin estar. Algo debo sacrificar si quiero que el resto funcione lo mejor posible, y esta vez he decidido sacrificar, aunque me duela, el mundo del blog.
Lamentablemente, ha quedado mucho por decir, pero no se olvidará. En el trastero quedarán bien guardados todos los esbozos de futuras entradas, apuntes, ideas, imágenes, lecturas... nada borraré. Todo quedará allí a la espera de que el tiempo me dé otra vez una nueva oportunidad de acercarme humildemente a vosotros. Ahora sólo me resta despedirme y no sé cómo, porque nunca se me han dado bien las despedidas. Supongo que optaré por el modo inglés, agradeciendo, porque tengo motivos para sentir esta profunda gratitud.
Así, pues, gracias a ti...
Adriana, por la búsqueda incansable de la poesía pura, por tus aportes literarios.
Bruja, por tus coloridas y juguetonas creaciones, por tu lucidez y por tu temible intuición; por tu bondad.
Bolero, por compartir tu espontaneidad, tus alegrías y amarguras, con la belleza de tu dialecto.
Fer, por enseñarme que no hay límites para las ficciones, por tu desbordante imaginación, por tu prosa modélica, por tus kafkianas.
Fire, por la amplitud de tus temas, por tu insuperable estética, por tu luminosa humanidad.
Germanico, por tu inagotable actividad creadora.
Hache, por haber descubierto tu propio talento como narradora; por haber compartido también tu talento como fotógrafa.
Javier, por la poética frescura de tus enredos.
Lilith, por haberme dado a conocer la grandeza de tu estilo, por el ejemplar de Hedonia que algún día me dedicarás.
Miss, por haberme puesto frente a mis miedos con tus primeros escritos; por haber encontrado la manera de simbolizar los tuyos con un estilo propio.
Mixha, por el carácter sinfónico de tus escritos.
Moderato, por la fecundidad de tu imaginación, que sabe adaptarse a los gustos de todos tus lectores.
Mónica, por la maestría de tu técnica prosística.
Peregrino, por la pulcritud de tus letras, la vastedad y riqueza de tu lenguaje; por darme a conocer el vos colombiano.
Pier, por tus vivaces pinceladas de sentimiento.
Sine, por tu inigualable manera de jugar con las palabras.
Tristancio, por la contención infalible de tu prosa, por tu impresionismo.
Vanidoso, por enseñarme que no hay oscuridad que no pueda transmutarse en arte. Y por Claudia.
Xavier, por la elegancia de tu español, por elevar nuestro hermoso idioma hasta esas, tus altas cimas.
Yurena, por la poesía de tus descripciones, por la facilidad con que sabes bucear dentro de ti misma, por tu elegancia y precisión.
A ti, Epithumía, por insinuar una belleza que algún día seguiré revelando.
A usted, Quelonio, por la risa y por el llanto, porque nos alejaremos igual que los gauchos de Güiraldes: sin mirar atrás, pero desangrándonos.
Y gracias a todos, porque puedo irme con la satisfactoria sensación de que cada uno me ha enseñado algo, que de todos juntos he aprendido tanto...
(1) "Y al final, el amor que recoges es igual al amor que construyes": última letra de la última canción del último álbum de The Beatles.