30 de agosto de 2010

Sueño Nº 12

En primer plano hay un hombre echado en el suelo boca abajo, desnudo, los dientes clavados en la tierra, sujeto inefablemente al polvo como si estuviera pegado, que no se ven amarras ni estacas. La cámara se aleja un poco y ahora se ve el desfiladero, las laderas rocosas, la bárbara intemperie de una montaña hostil. La mano de un cuerpo oculto ha arrojado carne sobre la espalda desnuda del hombre, carne cruda, pequeñísimos cubos de carne fresca sobre el cuerpo del hombre que ha sido sentenciado. La cámara vuelve a alejarse, hace falta más paisaje para que la escena del suplicio no se escurra entre detalles que no hacen al buen arte. Pero sobre todo es preciso ver las otras manos que sostienen las jaulas, que las abren; hay que ver cómo caen todas las ratas como crema sobre la carne sobre la espalda. Habrá que imaginar los gritos del hombre cuando las ratas terminen con esos cubitos cuya función nadie comprende, y empiecen a roer la carne viva, porque ha sido muy hábil eso de quitar el sonido a toda la escena. Algunos se niegan a ver esa parte, es demasiado. La pena está en haberla cogido empezada, pienso, porque ahora tendré que conseguirla, pero cómo se llama. Alguien de los que prefiere no mirar me lo dice, Naranjo plano, así es como se llama. Raro es el nombre, pero no pregunto por qué, se supone que luego lo sabré, cuando la consiga y la mire, o cuando vaya a ese desfiladero y sepa que no hemos sido espectadores, sino testigos; que hombre, ratas y festín no han sido arte, sino testimonio. La cámara se aleja una vez más y el paisaje descubre nuevas sinuosidades de montaña, descubre a un hombre que es apenas la última cifra de una sucesión. Ahora que la cámara sigue alejándose podemos verlos, uno detrás del otro a lo largo del desfiladero. Y es tan estrecho el desfiladero, tan altas y escarpadas las laderas, tan hondo el precipicio, que las ratas prefieren no huir y allí se quedan. Algunas, hartas de carne, han empezado a roer los huesos.



7 comentarios:

Yurena Guillén dijo...

Superando mi perturbación inicial ante tu texto, debido a mi insuperable fobia por los roedores (Te confieso que sueño con ellos con cierta frecuencia), se me han venido a la mente un montón de ideas precipitadas e inconexas. Desde ese poema de Poe, "Un sueño dentro de un sueño", hasta el recuerdo de una vieja película sobre ratas cuyo título tengo en la punta de la lengua, pero mi lengua no me lo quiere revelar.
Y en medio, esa idea [...]"no hemos sido espectadores, sino testigos; que hombre, ratas y festín no han sido arte, sino testimonio".

Un abrazo, Diego.

NoeliaA dijo...

Ay, de veras soñaste eso, o es sólo un ardid literario?
Como bien dice Yurena, es perturbador, pero a la vez, presumiendo que es un sueño, nos arroja a la tarea de extraerle algún significado, a hurgar por algún simbolismo.

Un beso

Hache dijo...

Como comienzo (de mi vuelta) no está nada mal ... me has dejado pegada a la pantalla sin aliento. Yo no habría seguido mirando, te lo aseguro. Estoy en pleno ejercicio de no ver aquello que me duela o afecte, pero Diego, has conseguido crear tensión, densa, silenciosa (sin sonido ... ).

Veo que el regreso es fuerte. Tu texto lo es. Seguiré por aquí, aunque a veces me obligues a taparme los ojos de la imaginación (como ahora). Porque siempre tus textos nos dejan pensando y eso, se agradece.

Un abrazo.

Tristancio dijo...

Tus sueños son macabramente hermosos...

Eso.

Frank dijo...

Que sueños oscuros, me gustan. muy interesantes, voy a seguir de cerca lo que escribas.

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Saludos

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