6 de noviembre de 2008

El mito del cuervo

Los cuervos son animales pacíficos, prudentes y desconfiados; cuando alguien se acerca demasiado, inmediatamente echan a volar, aunque sean muchos y estén todos haciendo equilibrio en un cable de luz. Los veremos en los espacios amplios, en medio de los prados, no entre la maleza, porque así es como pueden identificar cualquier acercamiento peligroso. Tal vez haya sido por su naturaleza carroñera, por su paciente acecho al animal herido, por reconocer a la muerte desde lejos, tal vez por su negrura o por su graznido... tal vez por todo esto y más, el cuervo se transformó en un animal temible para el hombre. Probablemente, El Cuervo de Allan Poe ayudó mucho a la conformación del mito, lo mismo Los pájaros de Hitchcock, pero el cuervo como ser nefasto ya tenía su raíz en el corazón humano. Este animal huidizo se transformó en otro ajeno a su instinto, uno capaz de acercarse a cualquier hombre para anunciarle su muerte, de vencer esa prudencia natural para ganar la distancia y enfrentarse a nosotros, amenazarnos, recordarnos que su pico podría escarbar en nuestros ojos. Ningún cuervo haría eso a menos que estuviéramos indefensos, igual que lo haría un buitre, igual que un chacal. Pero el hombre prefirió verlo de otra manera. Y creó un mito.

Allan Poe sólo rubricó definitivamente una visión del cuervo que no era novedosa, porque unos veinte años antes Franz Schubert (1797-1828) lo había tratado en Viaje de invierno (Winterreise). Wilhelm Müller (1794-1827) fue quien escribió esos poemas que luego Schubert convirtió en lieder. Uno de ellos, Die Krähe (El cuervo), se anticipa claramente al cuervo de Poe y, aunque el de Müller no sea tan vasto, enigmático y fatal como su continuador, esta presencia en la literatura nos revela una vez más su carácter mítico.



Die Krähe (El cuervo)

Eine Krähe war mit mir _________Un cuervo me había acompañado
Aus der Stadt gezogen,__________desde que salí de la ciudad .
Ist bis heute für und für_________Hasta hoy me había seguido
Um mein Haupt geflogen.________volando sobre mi cabeza.
Krähe, wunderliches Tier,________Cuervo, extraña criatura ,
Willst mich nicht verlassen?______¿no quieres abandonarme?
Meinst wohl, bald als Beute hier_______¿Acaso pretendes tomar
Meinen Leib zu fassen?___________pronto mi cuerpo como alimento?
Nun, es wird nicht weit mehr geh'n_____Yo no podré seguir mucho más
An dem Wanderstabe.__________con mi bastón.
Krähe, laß mich endlich seh'n,________¡Cuervo, muéstrame al menos
Treue bis zum Grabe!_____________fidelidad hasta la tumba!

(Barítono: Dietrich Fischer-Dieskau)

En determinados momentos de su vida, la sociedad necesita explicar una inquietud, un temor, una fascinación, necesita otorgarle una identidad cercana, reconocible, que pueda sobrevivir a las generaciones y a la lucidez de unos pocos. Son necesidades vitales de toda sociedad; se llaman “mitos”.




19 comentarios:

moderato_Dos_josef dijo...

Y así es, el cuervo es una de las aves más inteligentes, incluso es capaz de imitar el habla del hombre y demás ruidos si se lo propone y de utilizar palos u objetos para alcanzar la comida si se le plantea algún problema. Porque el cuervo, los has dicho antes, discurre, y es un animal prudente y no taimado. Su cruz: alimentarse de la carroña, opero ¿qué no hacíamos nosotros en nuestros aciagos inicios hace un par de millones de años sino tal vez compartir la carroña con ellos? Un saludo!

Yurena Guillén dijo...

El cuervo siempre ha estado asociado a la fatalidad. La superstición popular relaciona el sonido de un cuervo con una mala señal, un mal augurio. Ello pese a ser un animal que se caracteriza por su enorme inteligencia.

Con respecto al poema de Poe, éste creo a su cuervo basándose en el de Dickens en Barnaby Rudge.

Abrazos.

simalme dijo...

Oh, los lieder, la bella molinera, la canción de la tierra, viaje de invierno, y el mejor barítono.

Mónica dijo...

Muy buena reflexión. Y bella lied. Curiosamente, pese a la literatura, el cuervo nunca me ha parecido un pájaro temible. Me parece elegante, astuto. Más bien lo asocio al tequila, no sólo por que me gusta (qué le voy a hacer, soy mexicana), también porque trabajé en la fundación cultural de la compañía.
Muchísimas gracias por tus generosos comentarios en mi blog, Diego.
Un beso

Arcángel Mirón dijo...

Muchas veces inventamos los mitos que nos convienen, aún sin saberlo.
Pobres cuervos.

sara dijo...

hola! a los interesados del arte en general, os dejo una página muy interesante que promociona todo tipo de proyectos artísticos, en especial os dejo con Rafael Sarmentero, poeta:
http://qualid.es/?id_pre=38
saludos

Miss Morpheus dijo...

Me acuerdo ahora de los cuervos de La Torre de Londres y la relación que se estableció entre estos y la muerte. El hecho de convivir en la fortaleza con los cadáveres de los decapitados no ayudó mucho a crear una imagen amable de ellos. La idea al exponerlos era crear temor, ¿no?, aunque aquí el condicionamiento y las asociaciones jugara en contra de los cuervos.

Deliciosa elección para nuestros oídos.

Un abrazo.

B. Miosi dijo...

Sea por los motivos que sean, el que hayan sido incluidos en los cuentos de Poe o en la literatura de Dickens, el cuervo se ha convertido en un tremendo recurso literario. Símbolo de la oscuridad, de la fatalidad y ayudante conspicuo de la brujería. Aunque sólo sea para dar ambientación en la narrativa o en el cine, debía siempre permanecer como está. Para detrimento de los cuervos, claro.

Diego dijo...

Moderato: para confirmar su inteligencia, tengo una anécdota: Asturias es provincia de cuervos. En uno de mis primeros paseos solitarios por los montes, divisé un cuervo en una rama. Entonces aproveché y entoné -desentoné- el verso final del lied: "treue bis zum Grabe!", con la cara desencajada igual que Fischer. Al parecer se pasaron la noticia uno a otro, porque desde entonces ninguno me permitió acercarme más de lo que alcanza el sonido de mi voz. He comprobado, pues, que además de inteligentes tienen un agudo sentido estético. Un abrazo.

Yurena: es cierto, y de hecho Poe tiene un largo ensayo de crítica sobre esa novela. Ahora bien, la influencia del cuervo Grip de Dickens pudo haber existido en tanto que animal parlante, pero no en tanto que bestia funesta, pues a pesar de repetir durante toda la novela "soy un demonio", en ocasiones, Grip se parece más a un loro que a un cuervo. Hasta resulta simpático. Y es amigo de Barnaby, no lo olvidemos. Así todo, el lied se adelanta casi veinte años incluso a Dickens. A lo que voy, que Poe fue la síntesis de un mito que pululaba en la literatura desde hacía tiempo: Garcilaso lo trata, también Virgilio en una égloga, también Ovidio en Las metamorfosis, y seguramente tantos otros que olvido y tantos más que ignoro. Me quedé con Poe por ser él esa síntesis y con Müller porque su cuervo es más inquietante que el de Dickens. Y además me permitía poner música. Buen apunte. Un abrazo.

Simalme: yo tengo la versión de Thomas Quasthoff y Baremboim al piano, pero no pude editarla, así que busqué y encontré esta. Mejor, porque supera en mucho a la mía. Un abrazo.

Mónica: algunos lieder de este ciclo son un poco aburridos, pero este me gustó sobre todo. De nada, son merecidos. Un abrazo.

Gilda: yo creo que siempre hay una necesidad. Un abrazo.

Sara: no me interesa el arte "en general".

Miss: conozco esa historia, y aunque no hubiese existido, el destino del cuervo en la imaginería del Hombre ya estaba sellado. Y daría igual que hoy se intentara cambiar esa imagen, porque el mito siempre sobrevive tácitamente. Un abrazo.

Blanca: ¿en qué cuentos de Poe aparecen cuervos? ¿Qué me perdí? Prometo repasarlos. Y yo también creo que están bien donde están, siempre que no olvidemos que ese lugar donde están es mítico. Un abrazo.

B. Miosi dijo...

Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)


El cuervo



Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!


Es uno de sus poemas-cuentos más famosos.
Saludos,
Blanca

Diego dijo...

Blanca: gracias por la aclaración; antes sólo creía que te habías equivocado, pero ahora, en cambio, estoy totalmente seguro de ello.
Es un problema en la elección del género. "El cuervo" es un poema, only this, and nothing more (con permiso de Poe). Llamarlo "poema-cuento", y considerarlo sólo uno de ellos, como si en realidad existieran más, es un error. Él se encargó de explicar la génesis de ese poema en "Filosofía de la composición", hay un metro, un ritmo, una rima -todos los cuales se pierden en la traducción-, pero no hay ninguna advertencia sobre el género. Es un poema, sólo eso. Es cierto que la literatura permite sumatorias de géneros, pero hay límites. Si bien "El cuervo" cuenta una historia, no por eso nos es lícito incluirlo entre los cuentos. De hecho, en sus obras completas nunca veremos ese poema entre los cuentos, sino donde debe estar, entre los poemas. Si perseveráramos en aceptar este tipo de mezclas genéricas, así como "El cuervo" sería un "poema-cuento", La Ilíada debería considerarse un "poema-novela" y "Los ojos verdes" de Bécquer una "leyenda-poema". Creo que a nadie se le ocurriría... Insisto, la literatura permite mezclas de géneros tanto en la producción de obras como en la nomenclatura, pero abusar de los rótulos puede atentar contra las intenciones del autor. Por suerte, Poe dejó buena información sobre su arte poética. Si tenemos dudas, no hay mejor decisión que acudir a él.
Por último, te recomiendo la traducción de Julio Cortázar, tanto de "El cuervo" como de toda su obra. Entre las que leí, me pareció siempre la mejor. Gracias por tu colaboración. Un abrazo.

LILITH dijo...

Ay los cuervos! cuando vivía en Inglaterra me encantaban, eran parte del paisaje, para nada me asustaban, hasta llegué a olvidar que eran meras ratas con alas como aquí nuestras palomas... confieso que me encantan y cada vez que vuelvo a Londres los busco al igual que a la lluvia...

Lo de la torre de Londres es diferente, tiene un sentido "mágico-supersticioso", si los cuervos se van de allí caerá la corona inglesa, por eso durante siglos les cortaron las alas...

Gracias por el texto Diego, me recordó mis años mozos cuando estudiaba en Cambridge y vivía en un "cuento de hadas"

LILITH dijo...

Por cierto, se me olvidaba, mal lo tenemos los poetas si nuestros poemas se convierten en cuentos o poemas-cuentos, je, je... ¡Si Poe levantara la cabeza!

"The raven" bien leído, en inglés, es tan rítmico que asusta

Malvada Bruja del Norte dijo...

Sí, el cuervo y también la urraca se asocia a la muerte...
Dicen que la huelen y la predicen.

Tuve un profesor de inglés (irlandés), que precisamente leyendo a Poe dijo que cada vez que den Dublín veían un cuervo saludaban, (un gesto con la mano e inclinación de cabeza...parecido al militar), pero no supo explicarme por qué.

Por cierto pásate por mi casa y lee...

Malvada Bruja del Norte dijo...

Sí, el cuervo y también la urraca se asocia a la muerte...
Dicen que la huelen y la predicen.

Tuve un profesor de inglés (irlandés), que precisamente leyendo a Poe dijo que cada vez que den Dublín veían un cuervo saludaban, (un gesto con la mano e inclinación de cabeza...parecido al militar), pero no supo explicarme por qué.

Por cierto pásate por mi casa y lee...

B. Miosi dijo...

Te doy toda la razón, Diego, no es un cuento y nos son "cuentos" tampoco es un cuento-poema, y como dice Lilith, ¡si Poe levantara la cabeza!
Resulta que he leído "El cuervo" en versión cuento, si lo consigo lo paso, obviamente no versionado, por Poe. Por tanto, no pensé que decir poema-cuento estuviese tan descarriado.
También estoy de acuerdo en que la versión en inglés de El cuervo es insuperable, la rima es fantástica y hay de ello una extensa explicación en Ciudad Seva, "Método de Composición" , Edgar Allan Poe, que supongo muchos aquí la han leído.
Disculpa pues, si ofendí la apreciación que todos los aquí presentes tienen del poema de Poe, pero sobre todo, espero que sepan disculpar mi ignorancia. No sabes cómo agradezco la aclaratoria, he aprendido muchísimo.
Un abrazo!
Blanca Miosi

Mixha dijo...

interesante entrada, Poe es uno de mis escritores que más me han influenciado en mi escritura y los símbolos como formas determinantes, un beso

Diego dijo...

Lilith: me alegro de que te haya generado esos recuerdos. Y cierto, quien convive con cuervos no podría decir nunca que son temibles. Sólo un mito es capaz de cambiar ese tipo de percepciones. A veces. Un abrazo.

Bruja: interesante lo que te contó tu profesor. No sabía que tenían ese grado de respeto al cuervo. Una vez más, muchas gracias por el regalo. Un abrazo.

Blanca: no pasa nada, amiga, fue un error. No creo que por un error alguien se sienta ofendido, así que descuida. Con respecto al "Método de composición", es la otra traducción que encontrarás de "The Philosophy of Composition". Es nada menos que el trabajo que te mencionaba, en el cual Poe explica su arte tomando como ejemplo "The raven". Y tranquila, porque para mí no hay nada que disculpar. Seguimos leyéndonos. Me olvidaba: en caso de que consigas esa versión en cuento, por favor, sacrifícala en nombre de Poe. Un abrazo.

Mixha: me pregunto si alguien que haya leído a Poe no se ha visto influenciado en mayor o menor medida al momento de escribir, de imaginar, de soñar. Un abrazo.

Bolero dijo...

Hoy he leido, en un numero atrasado de Quo o algo así, un articulo sobre el cuervo parece ser q es un amimal muy inteligente, capaz de cosas verdaderamente asombrosas

Yo creo q Poe tuvo mucho q ver en la creación de este mito.
Muakkkkkkkkkkkk