29 de marzo de 2009

El pedagogo

Habría resultado arduo repasar todo el currículum; con unas pocas referencias debía persuadirme de que mis hijos tendrían al mejor pedagogo, una educación humanística y una huida de la corrupción de las calles. Cuatro circunstancias me bastaron: la asistencia a las primeras obras palaciegas calderonianas tras la inauguración del Coliseo del Buen Retiro; la suscripción a la Poética de Luzán como miembro de la Academia del Buen Gusto; la audición del discurso inaugural de Bello como rector de la Universidad de Chile, cuando todavía estaba vigente la polémica con Sarmiento sobre el clasicismo y el romanticismo; la cursada de las diecinueve lecciones sobre los orígenes de la lengua castellana que Menéndez Pidal dictó en la Escuela de Estudios Superiores del Ateneo.
Evitó negociar al tratar de sus honorarios, aceptó mi oferta para no faltar a su compromiso de hombre civilizado, pero confesó que los años le habían mostrado demasiadas veces la finitud del dinero como para no saber que la confianza era mi pago más valioso. Antes de cerrar el trato, repasó sus recomendaciones. Todas las clases, cinco por semana, comenzarían a partir de las siete de la tarde y acabarían antes de la medianoche. No debía preocuparme por el espejo del salón, podría conservarlo; tampoco por el crucifijo a la entrada. Los niños no se presentarán jamás con heridas en las manos ni en la cara, y asistirán a todas las clases con las muñecas y el cuello cubiertos. Si durante los días de calor la premisa no se cumpliera, la clase no sería suspendida, pero bajo mi entera responsabilidad, y en tal caso sería útil, a modo de precaución, la presencia de otro observador. La medida, no obstante, sólo tendría un carácter suasorio, porque repitió que nada podría hacer el observador si ocurriera un ataque. Sobre todo, no debía subestimar su sensibilidad. Aseguró que nunca se tardaba demasiado en adquirir la capacidad de oler los latidos, que en esos instantes era vana toda voluntad de resistencia. Más que ninguna otra cosa, los siglos le habían enseñado que es necedad ensayar una disputa contra el instinto.



11 comentarios:

Hache dijo...

Ay!!

Mira que yo estudié pedagogía. Pero de día, con espejos (sin crucifijos, eso nunca) y con el cuello muy despejado.

Como siempre Diego, atrapas con las palabras.

;-)

NoeliaA dijo...

¡Vaya! ¡Tomando clases con un vampiro! Eso sí que es verdaderamente mortal...
No discuto esto:"necedad ensayar una disputa contra el instinto"
Saludos, Diego, y muy buen relato.
Me entretuvo.
chau chau

moderato_Dos_josef dijo...

Un relato espléndido. ¿Mi lado oscuro dices cuando hablas de mis relatos? Y el tuyo, dónde está, no lo veo jeje. como siempre impecable.

El peregrino dijo...

¿y de quién se trata? ¿Quién es el profesor? ¿Aristóteles? ¿Fosca, el personaje de Todos los hombres son mortales de Beauvoir?
Excelente. Qué suerte haber encontrado tu blog.
Saludos. Estoy de regreso.

Yurena Guillén dijo...

¿Es una necedad emsayar una disputa contra el instinto? ¿Aunque seamos conscientes de que esos instintos pueden sacar lo peor de nosotros?
Buen texto, Diego. Muy interesante.
Un abrazo grande.

El peregrino dijo...

Lo escribiré emulando la lengua cantarina de los paisas:
"ve home, grassiass por el comentario que me hississte en el blog. Ave María, voss ssí que ssoss un bacán.
Y cuando queráss, ya ssabéss que por Antioquia te essperamoss. Por aquí en Envigado: pa que comáss morssillita, toméss chocolatico con buñuelo y noss ssentemoss en el atrio de la Santa Gertrudis a charlar desspuéss de missa con don Lucas Zuluaga, mi abuelo. Jajaja.
Y si te interesa conocer el pueblito, visitá este sitio: http://www.youtube.com/watch?v=vMj032oYNHM
El video lo hisso amigo mío".
Saludos.

El peregrino dijo...

Errata: lo hizo un amigo mío.

PAOLA dijo...

Qué placer inmenso descubrirte, espero que las clases no hayan tenido consecuencias desagradables, el planteo está muy bien logrado, resuleto de una manera sutil y compleja.
Volveré con tu permiso, eres bienvenido en mi laberinto!!

Malvada Bruja del Norte dijo...

Jajajaja...Ya decía yo ¿quién podía tener ese curriculum de lujo y no estar ya muerto? Un no muerto!

Me ha gustado. Mucho de veras...

Diego dijo...

Hache: lo siento, estudiar pedagogía debe ser peor que tener un pedagogo. Un abrazo.

Noelia: discutilo, no dejes de hacerlo, porque en verdad dejarse llevar siempre por el instinto puede tener graves consecuencias. Un abrazo.

Moderato: no temamos nuestro lado oscuro. Sin él quizá sería difícil reconocer el otro. Un abrazo.

Peregrino: gracias por el video, lo he visto. Hablar de vos y con "s" apical... vaya, no me moriré sin escuchar eso en vivo. Un abrazo.

Yurena: intenta verlo desde el punto de vista de un inmortal. ¿Cuánto soportarías esa lucha en un tiempo infinito? Un abrazo.

Paola: hace tiempo que no paso por tu blog, te había perdido el rastro. Gracias por volver, bienvenida. Un abrazo.

Bruja: lo interesante de ser inmortales está en que podríamos acceder a toda la cultura. Es decir, los libros, aunque innumerables, no dejan de tener su finitud. No tendríamos excusas para no leerlos absolutamente a todos. Un abrazo.

Xavier dijo...

placer leerte, placer entenderte. Muy bien hombre! me gusta lo que escribes.