1 de julio de 2008

Locura

Afeitarse, lavarse los dientes y perfumarse, mirarse al espejo antes de salir, escribir una dedicatoria o una carta o un poema, pasarse horas mirando escaparates antes de elegir cuál, si el negro o el rojo, pensar las palabras y la voz antes de tomar el teléfono y marcar, trabajar para ahorrar y para imaginar las próximas vacaciones, volver a descorchar botellas de aniversarios, preparar una reunión en casa con los buenos amigos, elegir el vino, reírse y bailar, ponerse el pijama y decir adiós sin querer y bostezando, voltearse hacia un lado de la cama y dormir y soñar que todo es como antes, despertarse y ver que es cierto que todo es como antes. Pero sin ella.

9 comentarios:

FER dijo...

Vaya, preciosa melancolía... En el fondo pocas cosas cambian, sí, pero cambia todo.

Un abrazo

Elena de San Telmo dijo...

Hola Diego,

A veces pienso que cuando nos falta lo más íntimo, lo de "afuera" es como un cuadro que vemos, nos deleita, lo disfrutamos, pero cuando se abre la puerta de casa nada queda de lo "familiar" detrás de ella y nos sorprende la ausencia.

Ya ves este post me ha llegado. Gracias por tus palabras te sumo a "entreteladealma " que es el baúl de mis emociones.

Ele

Anónimo dijo...

Hermoso, pero no me parece locura, sino más bien un quedarse al lado del camino sin atreverse a recorrerlo. Que tu melancolía no te prive de la vida y siga en cambio siendo tu motor para crear, pero también para seguir buscando cada día un nuevo comienzo.

Diego dijo...

Es cierto. Quizá podría llamarse "Cobardía" en lugar de "Locura". Gracias por tus palabras.

Elena de San Telmo dijo...

Pobre del que no sienta la dulce melancolía, con ella bailan las musas, por ella el sol se desangra puntualmente en el ocaso, las estrellas se derraman en un charco de barrio en su nombre.
besos

simalme dijo...

Como los caballos de Atila, que por donde pasan no vuelve a crecer la hierba...¿O no vuelve a crecer la hierba en cuanto dejan de pasar?

Arcángel Mirón dijo...

De golpe, todo eso que era agradable rutina se transforma en infierno. Que las cosas y los hábitos duren más que las personas es un castigo durísimo.

Un abrazo, Diego.

leticia dijo...

Amigo,

Es como para enloquecer al pensar que la rutina y las tradiciones nos rijan la existencia. Nos conviertan en una especie de
huesos ambulantes que solo dejan
como huella recuerdos de haber sido buenos o malos seguidores de las mismas.

Letty

Miss Morpheus dijo...

Sin palabras... Abrazo esta entrada.